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La cultura

LA CULTURA AMAZIGH

Los amazighes son el pueblo más antiguo asentado en el Norte de África, y así lo prueban los jeroglíficos más vetustos que se han encontrado hasta ahora, localizados en el templo de Amun, situado en Thebes, Egipto. Antiguamente, fueron conocidos como Bereberes, cuya nomenclatura fue creada por los pueblos Greco-Romanos para designar a cualquier población externa al eje greco-romano. Sin embargo, este pueblo autóctono reivindica ser llamado amazigh, lo cual en su propia lengua significa “ hombre libre y noble”.

En Marruecos hay un censo próximo a los 12 millones de personas (Rif, Atlas Medio, Alto Atlas, Antiatlas y Sus), mientras que en Argelia son más de seis millones (sobre todo en la Cabilia, el Aurès y el Mzab). Un segundo grupo bereber lo constituyen los tuaregs, cerca de un millón de personas que habitan en diversos países de la zona saharo-saheliana (Níger, Malí, Argelia, Libia, Burkina Faso y Nigeria). El resto de la población amazigh, unos cuantos miles de personas, se encuentra en Túnez (la isla de Yerba y la región de Matmata-Tatauin), Libia (entre el Yebel Nefussa y el oasis de Gadames) y en Egipto (oasis de Siwa). 

Su lengua, Tamazight, es afroasiática y pertenece a la familia de lenguas camítico-semítica. En este idioma se incluyen una serie de variantes que se hablan en diferentes países como Marruecos, Argelia, Libia, Túnez, Malí, Níger, Egipto o las ciudades autónomas Melilla y Ceuta y las islas Canarias antes de su conquista. El Tifinagh (ⵜⵉⴼⵉⵏⴰⵖ) es el alfabeto utilizado en Tamazight, conocido también como “líbico-bereber”, se escribe de izquierda a derecha y data, al menos, del siglo VI a.C.

Actualmente, en todos los países del Norte de África, se experimenta un renacimiento amazigh que se refleja en la gran producción artística y literaria, la creación de instituciones oficiales de promoción de la cultura amazigh y el dinamismo de movimientos sociales sólidos de lucha por la democracia, la justicia y el reconocimiento de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales del pueblo amazigh. Estos movimientos han participado (y siguen) en las dinámicas de cambio llamadas “primaveras de democracia” que se iniciaron finales de 2010 en los países del Norte de África y derrocaron las dictaduras que destruían, durante décadas, todas las dimensiones de la cultura amazigh. Gracias a estas “primaveras”, los amazighes han logrado una parte de sus derechos que van desde la reivindicación de su existencia e identidad, la libertad de asociación (Egipto y Túnez), la libertad de expresión, el derecho de participación política (Libia) y la oficialización y la enseñanza de su idioma (Argelia y Marruecos).

El mundo amazigh es complejo y rico. La representación natural y simbólica se expresa en la cerámica, los diseños de las alfombras y los tapices, en el tatuaje con henna y, también, en la joyería. Buena parte de las decoraciones florales, vegetales, geométricas o animales, más allá de su sentido estético, albergan un gran valor ancestral y cultural. A continuación vamos a descubrir algunos aspectos del legado amazigh, como su enigmático tatuaje y su preciosa joyería.

RIQUEZA Y TRADICIÓN AMAZIGH

TATUAJES

Muchos tatuajes se sitúan cerca de los orificios corporales (sitios vulnerables) como boca, nariz u ombligo, y también los pies (en contacto con la Tierra).

Las mujeres Amazigh son las guardianas, tanto del legado como las protectoras de animales, niños y hogares. Son las responsables de las prácticas de rituales mágicos que salvaguardan la vida. Muchos diseños de tatuajes son complejos, y simbolizan la protección, como la cruz en la nariz o debajo de la boca, cuando nace un niño tras la muerte de algún hermano mayor. También es común tatuarse la cara de la mujer antes de casarse. Estos tatuajes cuentan su propia historia, sus características y orígenes. Las ancianas tatuadoras son capaces de saber mucho acerca de esa persona sólo con observar sus tatuajes, cargados de información.

Los tatuajes siempre han acompañado a todas las tribus del planeta como señas de identidad importantes, tanto a nivel cultural como ancestral. Los tatuajes Amazigh suelen tener formas geométricas, líneas, ángulos y puntos, relacionados son simbología estelar, elementos de la naturaleza, y caligrafía tamazigh.

brazo tatuado

JOYAS

La joyería habla de lo mismo: nos cuenta cómo es cada tribu. Cada joya Amazigh, cada vestido, identifica a los miembros de una tribu: su forma, material y decoración hablan del origen tribal y geográfico de las mujeres que las llevan.

Las mujeres son las portadoras de la joyería, ya que son las guardianas por excelencia de las aldeas, de los niños y las familias. Sus amuletos son protectores de esos espíritus del inframundo. El Islam se abrió camino entre los Amazigh, pero ellos nunca perdieron su mundo de creencias mágicas del más allá.

En la joyería Amazigh se usan símbolos animales o florales que representan por ejemplo la fertilidad si se trata de un pez, de protección si son serpientes, o mensajero de buenas noticias y riquezas si se trata de pájaros: la salamandra es el alma humana en búsqueda de la luz.

La joyería Amazigh se caracteriza también por sus formas geométricas. El círculo que no se cierra simboliza el camino cíclico de los nómadas Tuaregs, y las ruedas simbolizan los ritos solares y lunares.

Las llamadas «cruces del sur», también llamada Cruz de Agadiz, es un talismán y un amuleto de protección.

Normalmente marcan los cuatro puntos cardinales, ya que servían como brújula astral para orientarse en el desierto bajo el manto estelar, pero además sirven como amuletos de protección para dispersar las malas energías por las cuatro direcciones.

Se heredaban de padres a hijos cuando el hijo llegaba a la pubertad. Cada tribu de Níger era representada por una cruz: existen 21 tribus, por lo tanto 21 cruces.

La más nombrada es la de Agadiz, y suele englobarse este nombre para mencionar este tipo de joyería. Pero sólo es una de las 21 tribus, una de las 21 cruces.

El material más usado es la plata, que se asocia a la pureza. Nunca se usaba oro (porque el amarillo trae mala suerte), aunque hoy en día se hacen excepciones debido a la comercialización y a la introducción del Islam. Tampoco se usa el Hierro (relacionado con lo maléfico).

Sus decoraciones talladas a mano son recreaciones de la escritura líbicobereber. Su grafismo inspira líneas perpendiculares, puntos, triángulos… Pero también la simbología de elementos de la naturaleza (montañas, ríos, caminos, hogar) y estelares.
Muchas veces se incrusta madera de ébano y piedras, siendo las más comunes la Cornalina y el Cobre (por sus propiedades curativas), Coral, Ámbar, Ónix.

Otra joyería típica Amazigh son las fíbulas: broches con hebilla con una aguja en un extremo, para sujetar la ropa (que tiene carácter maligno). Hay diferentes tipos, según la zona geográfica o la edad y estado civil de las mujeres que las usan.

Khomeissa o Khomissar es una versión tuareg de la mano de Fátima, representada de forma estilizada y geométrica. Símbolo que atrae suerte y alberga inscripciones de buen augurio.

Si profundizamos en este símbolo, Khomeissa pude simbolizar el éhen o «tienda», es decir, la unidad social que abarca desde la familia, la sociedad tuareg o hasta el mismo universo.

Es el hogar, tanto físico como vital. El refugio desde el cual nace la sociedad nómada y la descendencia. En conclusión: el linaje.

Quizás por eso este símbolo es tan popular entre las bailarinas tribaleras. Su significado de tribu y hogar se materializan en esta figura, que en paralelo alude a la popular Mano de Fátima, símbolo a su vez de la buena suerte.

Es imposible expresar la magia Amazigh en un artículo. Cuando viajas a zonas Amazigh, sea el Rif, sea Merzouga, sea cual sea la zona, se puede sentir la profundidad de su cultura en cada mirada, surge una fuerte conexión con los amazighes, con la tierra y el universo.

Y no es un secreto, ellos comparten sus conocimientos, les encanta explicar su simbología, su historia, que vuelvas a «casa» con parte Amazigh en tu corazón.

Probablemente es por ello que se ha extendido tanto el consumo global de su artesanía y joyería. En Occidente se aprecian cada vez más estos productos. Además de los modelos y materiales tradicionales, se añaden reinterpretaciones  y nuevas formas de producción. No obstante, la historia Amazigh nos asegura que siempre salvaguardarán sus formas más tradicionales y ancestrales de creación de estos verdaderos tesoros.

Nos despedimos con una frase Amazigh, cargada, cómo no, de sabiduría:

«Aquí tenemos reloj, y allá, en el desierto, lo que hay es tiempo»